Recientemente tuve la oportunidad de participar en una conversa muy interesante, un espacio organizado por Caracol Radio y la Cámara de Comercio de Bogotá.

Fue una oportunidad para escuchar testimonios de empresarios de diferentes sectores y conocer cómo han afrontado los retos generados por la inédita situación que estamos viviendo en este sorprendente 2020.

En términos generales me llamaron la atención dos temas que abordó Nicolás Uribe Rueda, presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá. El primero de ellos se refiere a la reivindicación de los empresarios en la sociedad colombiana, teniendo en cuenta que, en muchos casos se ve con recelo a los empresarios y se les considera como explotadores que se aprovechan de sus empleados para enriquecerse sin aportar nada a la sociedad. El segundo tiene que ver con la función del empresario en la sociedad ¿Cuál debería ser?

Al respecto, a pesar de que hay muchos ejemplos de malas prácticas que probablemente han motivado esta imagen negativa, debo decir que estoy seguro de que la mayoría de las personas que tomamos la decisión de hacer empresa, lo hicimos con un propósito superior al dinero.

Tal vez el punto de partida sea que la mayoría de las sociedades, miden el éxito tanto empresarial como personal en función de los beneficios económicos obtenidos en un periodo de tiempo, dejando de lado la medición de indicadores que para mí son mucho más relevantes, como el impacto en sus grupos de interés: COLABORADORES, PROVEEDORES, ESTADO, COMUNIDAD.

Es por lo anterior que estoy de acuerdo con Luis Carlos Bravo en lo mencionado en su artículo “La caja no es la reina”

https://www.portafolio.co/economia/finanzas/la-caja-no-es-la-reina-luis-carlos-bravo-541128 .

Deberíamos darle más visibilidad a la gestión de las personas, a los impactos que las empresas generan en ellas y en sus familias que al crecimiento de la utilidad; obviamente que obtener beneficios económicos es de suma importancia, pues sin flujo de caja positivo no hay empresa, pero cuando se garantiza el punto de equilibrio y un poco más, se debería pensar en ayudar, como se menciona en las instrucciones de seguridad antes de iniciar un vuelo – en caso de emergencia póngase a salvo usted y luego ayude a los demás -.

Solamente replanteando la función de los empresarios y las empresas, así como la colaboración entre ellas, podremos llegar a cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible, particularmente los ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico) y 10 (Reducción de las desigualdades).

Y es que llama poderosamente la atención que haya sectores con ganancias anuales del orden de billones de pesos, cuando muchas microempresas no pueden acceder a créditos con condiciones realmente favorables y que les ayuden a ser más productivos, o que un proyecto de ley como el de ‘Pago a plazos justos’ que obligará a las empresas a pagar facturas a sus proveedores en un plazo no mayor a 60 días, haya tenido oposición por parte de algunos gremios.  Para fortuna de las Pymes de nuestro país, este proyecto se aprobó recientemente en plenaria del congreso de la república.

En este sentido la Cámara de Comercio de Bogotá ha realizado un trabajo destacado, llevando a empresas de todos los tamaños programas de fortalecimiento empresarial que nos han ayudado a crecer y ser más competitivos y productivos, además conectando el sector productivo, académico e institucional de la región a través de las iniciativas Clúster. En el caso de Sodinlec, participamos del comité ejecutivo del Clúster de energía eléctrica de Bogotá-Región, realizando un trabajo con diferentes actores del sector para “mover la aguja” como lo dice Marco Llinas, vicepresidente de competitividad de la CCB.

Pero esta tarea no debe estar a cargo de unos pocos, todos los actores de la sociedad y principalmente los empresarios, debemos liderar ese cambio.

Esta coyuntura del COVID-19 debe convertirse en una oportunidad para que las empresas redefinan su propósito superior, entendiendo en primer lugar que no son una isla separada, por el contrario, están inmersas en un ecosistema y que trabajando juntas, llegarán más lejos.  Segundo, que la organización tiene un rol esencial en la prosperidad de un país y los objetivos empresariales tienen que ir de la mano con el progreso económico, social y ambiental, sobre todo en países como Colombia, donde los niveles de inequidad siguen estando entre los más altos de la región, y probablemente se incrementarán a raíz de la pandemia.  La responsabilidad es de todos.