En estos tiempos de confinamiento y cuarentena no cabe duda que el teletrabajo ha cobrado mayor relevancia, pero no solo para los empleadores sino también, y más importante aún, para los trabajadores. Por esta razón, es muy importante que nuestro “nuevo” lugar de trabajo cumpla con todos los requerimientos de calidad ergonómica y confort visual, ya que ahora permaneceremos un alto porcentaje de nuestro tiempo trabajando desde el hogar, y no en todos los casos se tenían disponibles o bien diseñados los espacios para hacerlo. Es por eso que la iluminación que utilicemos en nuestros hogares nos debe garantizar, no solamente una luz de calidad sino también, un adecuado consumo de energía para que no nos impacte drásticamente en nuestra factura de electricidad y que además sea duradera.

Conozcamos entonces un poco más sobre iluminación y entendamos qué aspectos debemos considerar en los nuevos sistemas de iluminación LED.

Aunque definitivamente una de las principales características de las luminarias LED es su bajo consumo de energía, se debe tener muy claro que no necesariamente porque sea LED, representará ahorro económico y mucho menos, mejoras en temas relacionados con la eficiencia energética.

Vamos a revisar algunas de los principales beneficios que se deben obtener de una luminaria LED:

En primer lugar, debido a su bajo consumo de potencia (Wattios) por ser un dispositivo completamente electrónico, directamente debe representar un ahorro significativo en el consumo de energía (kW-h); cosa que desafortunadamente no siempre se cumple y más adelante entenderemos el por qué.

Una segunda característica de las luminarias LED es su larga vida útil, pero es muy importante tener en cuenta que la misma, está directamente relacionada con la capacidad de disipación térmica que el sistema LED pueda tener, aspecto que al igual que el anterior, no siempre se cumple.

Tercero y por ahora como último de los beneficios de las luminarias LED que tendremos en cuenta, es calidad y cantidad de la luz emitida por la misma, otro aspecto que también, desafortunadamente, no se cumple en muchas ocasiones.

Ahora bien, profundicemos en cada uno de estos aspectos para tratar de entender su importancia en impacto, tanto en temas de calidad de iluminación como de ahorro y eficiencia energética.

Con respecto al consumo de energía, es muy importante comprender que la potencia consumida por un dispositivo electrónico tiene 3 componentes, así: la potencia real o consumida (W), la potencia aparente (VA) y la potencia reactiva (VAr). Ahora bien, entre la potencia real y la potencia aparente se encuentra el Factor de Potencia (COS ⱷ), dato muy “famoso” en las luminarias y muchos otros equipos que se conectan a la red de energía eléctrica, y al que le deberíamos dar la  relevancia que se merece puesto que finalmente el mismo representa dinero.

La imagen anterior, conocida como el Triángulo de Potencia, nos sugiere que cuanto más cerca se encuentre la potencia aparente a la potencia real, más próximo a 1 será nuestro factor de potencia y por ende, el valor de consumo de energía (W-h) por el que pagamos en nuestras facturas, será prácticamente toda la potencia real consumida por nuestro equipo, sin pérdidas ni desperdicios.

No obstante lo anterior, y debido al poco o nulo conocimiento sobre este tema por parte de muchos “asesores comerciales” que únicamente se interesan en vender un producto y adicionalmente, a la falta de exigencia y cumplimiento de la normatividad existente, cada vez más se permite el ingreso y comercialización en nuestro país de productos LED con Factor de Potencia 0.5, en lugar de que el mismo sea >0.95 (casi tendiente a 1), y este pequeño detalle desde luego se refleja en el precio de venta del producto final, es decir, de la(s) luminaria(s) que instalamos en nuestras oficinas, viviendas, colegios, comercios, etc. Esto hace que el comprador, desde luego por falta de asesoría y acompañamiento de un experto, opte por comprar el producto más “barato” desconociendo que al final, pagará más en su factura de energía debido a la potencia reactiva existente en su “nueva o remodelada” instalación de iluminación. Por lo tanto, no necesariamente porque la luminaria sea LED, implicará que se obtenga el 100% del ahorro económico posible que se pueda conseguir con un producto de mayor calidad y por el que no significa necesariamente que se deba pagar mucho más.

El segundo aspecto en el que vamos a profundizar es la vida útil de una luminaria LED, que como sabemos, debe ser muy larga, comparada con las anteriores fuentes de luz, especialmente con las fuentes de luz incandescentes y/o halógenas. Sin embargo, para que se cumpla esta característica de larga vida útil, el módulo LED de la luminaria debe tener un excelente sistema disipador de calor que ayudará a que el mismo opere a una baja temperatura, siendo esta la única manera de garantizar que una luminaria LED puede cumplir, en muchos casos, con más de 100.000 horas de funcionamiento.

Lamentablemente una gran mayoría de las luminarias comercializadas en nuestro país no cumplen con esta característica en su diseño y por ende, ni siquiera con las 15.000 o 20.000 horas de vida útil que ofrece una luminaria de baja calidad y que seguramente, deberá ser reemplazada nuevamente al cabo del 1er o 2do año de funcionamiento.

Por lo tanto, una vez más esto comprueba que no necesariamente porque la luminaria sea LED, ofrecerá los ahorros esperados; en este caso, el ahorro inicial que se puede lograr en la compra de una luminaria económica, se perderá al cabo de un corto tiempo cuando la luminaria deba ser reemplazada.

Finalmente, ahondaremos un poco más en la cantidad y calidad de luz emitida por una luminaria LED, y es que esta es una de las funciones primordiales por las que se adquiere un equipo de iluminación, sin embargo, la luz es algo intangible y su calidad solo puede ser evaluada con el tiempo, ya que con el transcurrir del mismo nuestro cuerpo, principalmente nuestro sentido de la vista, es el que más se resiente y por esto, llegamos a sentir dolores de cabeza, fatiga visual, ardor en los ojos, entre muchas otras afectaciones causadas por la calidad de luz bajo la cual permanecemos, en muchas ocasiones, casi todo el día en nuestros sitios de trabajo.

Una luminaria “económica” que no cuenta con ningún diseño en su fabricación o si lo tiene, será muy escaso, entregará una luz no controlada, que deslumbra y por ende, se pierde en el espacio, en el lugar que no la necesitamos, una luz que al comienzo tendrá una tonalidad de color, luz blanca por ejemplo y que con el pasar del tiempo la misma se convertirá en otra tonalidad como luz amarilla o en muchas ocasiones, sencillamente solo funciona la mitad de la luminaria.

Una vez más se comprueba que no porque una luminaria sea LED, se va a obtener el ahorro que espera o que debería tener y menos aún, la calidad de iluminación necesaria en cada aplicación particular, ya sea iluminar su oficina, local comercial o incluso, su lugar de residencia.

En conclusión, antes de cambiar su sistema de iluminación antiguo o instalar uno nuevo, busque la asesoría adecuada, por expertos profesionales en esta materia, así puede garantizar su inversión y asegurarse que obtendrá los beneficios de ahorro y calidad lumínica esperados.

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